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Cuentos y relatos breves
Artículos publicados en Alhaurin.com
Hojas muertas | | Lydia Tapiero Eljarrat. 04.12.11 | | Lágrimas de hojas muertas caían sobre mí. Caminaba perdida por los parques, entre el crujir de sus laberintos, sin pensamientos. Un resplandor ajeno al dolor despertó mi conciencia, mostrando frente a mí la belleza de una rosa blanca tardía. Y me perdí con ella en las sábanas blancas que caprichosamente envolvían nuestros cuerpos agitados. Me acerqué respirando su fragancia, la toqué lentamente y mi cuerpo despertó al tuyo, cerré los ojos, seguí acariciándola hasta bajar por su tallo, su tacto se hizo más áspero, aparté mis temores recordando sus frágiles pétalos y continué bajando hasta verme rodeada de pinchos. Escapé sobresaltada, pero unas gotas de sangre tiñeron de rojo sus pétalos. La contemplé unos segundos. Sentí mis huesos dolidos, me toqué los labios hinchados y seguí caminando perdida entre el crujir de un laberinto de hojas muertas.
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| Relatos desesperados I | | Helena Trujillo Luque. Psicoanalista. 25.07.11 | | El tren estaba a punto de salir, aunque ella aún no sabía a dónde se dirigía. Sus compañeros de viaje acomodaban las maletas en los compartimentos e irradiaban la alegría y ansiedad propias de un trayecto que comienza. Ella no llevaba equipaje, tan sólo un billete que la conduciría a alguna parte, lejos de sí misma, por ahora, su máxima enemiga. Se sentía un peligro, no sólo para su propia existencia, también para la de aquellos que tanto amor le mostraban. Algo se había roto y ella había quedado desorientada, en medio de ese inmenso desierto que era su vida. El mundo se construía cara al futuro, pero ella no veía más allá de su propia miseria. Torpe y sumisa, era arrastrada por el movimiento, cada vez más veloz, de ese tren. No había forma de apearse. La muerte no era una opción y sus fuerzas eran insuficientes para detener ese torrente de deseos múltiples. Debía confiar, como nunca hasta ahora había hecho. Ser sombra de su pasado y cambiar toda su vida en ese viaje. Helena Trujillo. |
| Había cambiado tanto | | Lydia Tapiero Eljarrat. 12.03.11 | | Me lo encontré de frente. Él se enganchó en mi mirada y paré a medio metro de distancia. Fue un segundo extraño en el que intenté buscar al joven del que una vez me había enamorado. Su media sonrisa marcó aún más su cara arrugada, no pude evitar sentirme decepcionada, había cambiado tanto. Aun no entiendo que le abrazara y menos aún que fuera feliz al hacerlo. Había cambiado tanto seguía repitiéndome mientras recorría día a día la misma calle a la misma hora. |
| Adios Osito | | Lydia Tapiero Eljarrat. 25.11.10 | Ampliar | Con este relato me uno al grito de todas las personas que han sufrido el acoso en sus carnes y al grito de los muertos por violencia de género. Y con la misma fuerza les llamo para que recuperen la fuerza y sean ellas las que guíen sus propias vidas. ADIOS OSITO : |
| El dibujo | | Cuentos y relatos breves. 07.11.10 | Ampliar | Patricia Bottale. La tarde caminaba deliberadamente hacia la noche. El salón de clases se oscurecía sin remedio. Juan quería poseer los secretos del tiempo y sus espirales caprichosos, pero todos los jueves ocurría lo mismo: las horas se precipitaban y los alumnos de “modelo vivo” comenzaban a guardar las telas, las carbonillas, y una parte maravillosa de sus vidas. Entonces ella, cuando el reloj daba las 19.00 horas, estiraba las piernas despacio, estiraba los brazos, las manos, los dedos… y alcanzaba una bata que descansaba inerte a sus pies. Se soltaba el pelo, y con los movimientos de un felino, se dirigía descalza al cuarto de atrás. Desaparecía del salón de clases y de su vista, pero no de su expectativa. Continuaba día tras día latiendo imprecisa entre sus apuntes y sus fantasías. La había tocado tantas veces…
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| El ruso | | José Ignacio Crespo de Lucas. 10.07.10 | Ampliar | Como tal le conocíamos en el módulo 2, aunque supongo que podía ostentar la nacionalidad de cualquiera otro de los países del noreste de Europa. Hermético, silencioso, minucioso, pasaba su tiempo de patio entrenando, corriendo, estirando. Muy joven, rubio, estilizado, debajo de su torpe aliño indumentario de preso podía adivinarse una musculatura flexible, adiestrada para todas las modalidades deportivas, todos los territorios, cualquier despeñadero...si no fuera porque se me aparecía como una misión imposible, habría jurado que aquel tipo esquinado y monosilábico se preparaba para escalar el muro/ los muros que le separaban de la libertad. Te lo dije, Manolo, este tipo no me gusta, sólo se dirige a tí para pedirte tabaco:"un cigarro, tío", con ese acento de hielo. |
| El niño que quitó la sed a medio millón de africanos | | Isabel Luna. 28.06.10 | Ampliar | Un día del inolvidable invierno de 1998, en Kemptville (Ontario) localidad natal de Ryan, la profesora del Colegio St. Michael, Mrs Nancy Prest estaba dando una pequeña charla a su clase de primer grado sobre las condiciones y salubridad de los estudiantes de su misma edad que vivían en África. Preguntó a sus alumnos si sabían cual era la primera causa de muerte entre sus homónimos los africanos. Todos los niños convencidos de que era la escasez de alimentos se sorprendieron al saber que es la mala calidad del agua que beben lo que diezma las aulas de sus ‘antípodos‘. Ryan Hreljac quedó muy extrañado por la falta de ‘agua limpia’ y preguntó a Nancy cuanto costaba un grifo en África. Mrs Prest, desconcertada, anticipó a Ryan una cifra que había leído en algún documento: 70 dólares por una bomba extractora. Ese mismo día al llegar a casa, Ryan, que todavía estaba aprendiendo a conocer el valor monetario de las cosas; pidió a su madre el dinero para comprar un grifo y enviarlo por correo.
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| Una mirada angelical | | Lydia Tapiero Eljarrat. 06.06.10 | Ampliar | El juez sintió cómo la adrenalina le subía cuando Jesús se levantó para escuchar la sentencia. La vida de aquel joven estaba en sus manos, una vida manchada con la sangre de un niño. Hacía tiempo que no se sentía tan bien y esperó unos segundos más mientras veía a Jesús, un muchacho que había entrado con la fortaleza y seguridad de un gigante y que ahora temblaba. Mientras duró el juicio se formaron a diario protestas en contra del asesino de niños pediendo la máxima pena. Todos los medios de comunicación, menos uno lo habían ya condenado. Las voces de su familia y amigos exigían más pruebas y su abogado insistía en su inocencia y en la falta de pruebas. Pero él no dudó ni un segundo, eran muchos años luchando contra los malos. El único testigo, un niño de diez años era más que suficiente para encerrar a aquel cabrón de por vida.
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| Limpeza de primavera | | Lydia Tapiero Eljarrat. 25.04.10 | Ampliar | Cuando Alfonso llegó unas nubes de lluvia empezaron a oscurecer la tarde. Claudia abrió la puerta y Alfonso se precipitó hacia ella y la abrazó. —Lo siento mi amor, te juro que nunca más. —Lo sé —le respondió Claudia poniéndole un dedo en la boca—. Te he preparado una sorpresa. — ¿Y este cubo en el pasillo? Claudia señaló el techo. —Una gotera.
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| El Gobierno del Cancer | | Lydia Tapiero Eljarrat. 11.03.10 | Ampliar | "El terrorismo es la destrucción de lo que entre todos hemos logrado construir y no importa de donde sea y que forma tenga. Los que atentan contra la democracia atentan contra todo aquel que la defiende." EL GOBIERNO DEL CANCER Manuel se detuvo, se quitó el pasamontañas negro y dejó caer la porra. –Yo no voy. –Déjate de bromas. –Le reprochó Juan mientras estiraba la mano hacia el pomo de la puerta.
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| Estambul | | Cuentos y relatos globales. 17.01.10 | Ampliar |  Parisa Aryán. parisa1979@gmail.com Madrid. Todavía tengo grabada a fuego en la retina tu imagen en ese bazar de Estambul. Tu piel morena, tus ojos intensos, los pintorescos colores y olores que te rodeaban. Fui víctima inmediata de tu aura, de tu presencia que contaba sin palabras mil y una historias de princesas orientales y de desiertos, de luna, incienso y granada... Te acercaste a mí en aquella tetería casi vacía, donde yo estudiaba con cierta preocupación un incomprensible mapa de la ciudad y te ofreciste a ayudarme. Desde el momento en el que me dirijiste la palabra, supe que nunca te podría olvidar. Por eso fui incapaz de rechazar tu ofrecimiento de acompañarme, de mostrarme la ciudad... Resistirme habría sido un esfuerzo en vano, mi alma ya estaba atada a ti sin remedio.
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| Ciudadanos del cosmos | | Cuentos y relatos globales. 27.12.09 | Ampliar |
 Felicidad Vila. felicidadlopezvila@gmail.com. Año 3021: lo que conocíamos como planeta Tierra no es más que un nostálgico recuerdo y el equilibrio del Cosmos está nuevamente en peligro. Mi nombre es Kuasar y al igual que mis compañeros de viaje, todavía soy un ser humano. Comando la primera expedición de prueba, Nirvana, y nuestro lanzamiento espacial en paquetes de información hacia las estrellas está ya preparado. Los códigos de información personales han sido grabados en un software ínterdimensional, en nuestro sistema nervioso central: El lugar de destino es una estación receptora llamada Ananda. En un parpadeo estelar, las ondas electromagnéticas del sistema operativo nos han situado a las puertas de la ciudad de la esperanza, flanqueadas por esfinges de cuarzo rosado. La buscamos a Ella…
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| El vórtice | | Cuentos y relatos globales. 13.12.09 | Ampliar | Por Mª Felicidad López Vila. En la soledad de la madrugada brillaba altiva la luna, mientras escuchaba los lamentos de la hechicera, reclamando las caricias de su amado, en una noche tan fría. El recuerdo fatídico del momento en que los separaron brotó en su memoria atravesándola como una daga: fue después de Solsticio de invierno, un día gélido de cielo pálido y tierra mojada. Su deseo de venganza y de devolverlo a la vida era cada vez más fuerte.
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| El Hombre Frente A La Tumba | | Cuentos y relatos breves. 06.09.09 | Ampliar | Édgar Orlando Jaimes Gómez. nandogomez1978@hotmail.com Era la medianoche de una noche fría de invierno y no se veía ni una sola alma deambular en la calle. En ese momento un hombre entraba al cementerio buscando un par de tumbas: la de su esposa y la de su hijo que murieron un año atrás. La niebla fue envolviendo al lúgubre camposanto de la misma manera en que el dolor envolvía el corazón de aquel hombre. Aquel pobre diablo, al encontrar las tumbas que buscaba, lloró desconsolado cómo lloran aquellos hombres que lo han perdido todo y sólo esperan el fin de su miseria. En la placa de mármol, ubicada en medio de las dos tumbas, esta escrito el siguiente epitafio: “Aquí yacen mi amada esposa y mi pequeño hijo, y yo, doliente padre y esposo, pronto me reuniré con ellos en el paraíso donde las almas que se amaron en vida estarán juntas por siempre”.
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| Pobre Marta | | Lydia Tapiero Eljarrat. 17.08.09 | Ampliar | ‘Me voy’, le digo. Ella me devuelve el adiós, desde el baño, siempre desde el baño. Una vez intenté abrir, pero cierra con cerrojo. Es como una venganza a mis sábados por la mañana, lo sé. Hace ya tres años que me pongo el chándal gris de siempre, y me pierdo por las calles. No siempre corro, pero siempre me voy. Al principio me molestaba en explicarle que salía a correr por la cojera, ‘no llegues tan tarde’, me reprochaba. Ahora se limita a preguntarme a que hora vuelvo, hago que no la escucho, no quiero limitar mi tiempo. Me coloco el CD que no enciendo nunca y me voy. |
| “Historias para no dormir” “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”. natole France | | Mariano Cabrero Barcena. 28.06.09 | Ampliar |  Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llenas de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú... |
| Microrrelato | | María Amparo Gimeno Pastor . 26.06.09 | | Miriam se despertó como siempre a las siete y media de la mañana, pero como era verano y fin de semana, se quedó remoloneando en la cama, mientras Germán ya se había levantado y estaría desayunado y leyendo el periódico. En fin, se levantaría más tarde... |
| La mano de Dios | | Lydia Tapiero Eljarrat. 07.06.09 | Ampliar | Como una rosa marchita, aquí, tumbada en una cama que no es la mía, sin poder hablar porque mis labios no responden, sin poder mirar. Oigo los llantos de mis hijos, de mi marido, y no puedo consolarlos, la espera se me hace eterna. ¡Dios pon fin a esta agonía! Mi hija me ha cogido la mano, está llorando. Se está despidiendo de mí, yo también quiero despedirme, dejo caer una lágrima y ella grita ‘¡mama está llorando!’. Yo quiero abrazarla pero no puedo, me cuesta respirar, oigo voces a lo lejos, tengo miedo, me ahogo. |
| Una Breve Historia | | Cuentos y relatos breves. 31.08.08 | Ampliar | Luis Alberto García viviendasalpa@hotmail.com. Hace algún tiempo, en una pequeña ciudad a la orilla de un río vivía un señor que tenía una gran fe en su Dios, todos los días él pasaba un rato en su templo diciendo sus plegarías. Una temporada de lluvias llovió tanto, que el río empezó a desbordarse amenazando con inundar la ciudad. Llegaron los equipos de protección civil a avisar a todos los vecinos que tenían que evacuar el lugar pero nuestro amigo les digo que él no se pensaba mover de ahí, que ya le había pedido a su Dios que lo protegiera. |
| Alba, la guerrera blanca | | Cuentos y relatos breves. 13.07.08 | Ampliar | |
Felicidad López Vila. Érase que se era, en un lejano lugar, un pequeño planeta donde habitaba gente de paz. En él vivía una joven hermosa, hija del rey, educada con honestidad en el arte de preservar la armonía del hábitat. Una pacificadora nata, al servicio de la colectividad. Ella era Alba, la guerrera blanca... David escuchaba atento, el comienzo del cuento, que su abuelo le estaba leyendo. La fiebre del niño, estaba remitiendo, pero el malestar general no lo dejaba descansar.
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| Una historia de huevos | | Cuentos y relatos breves. 08.06.08 | Ampliar | Francisco Pérez Ríos. En los años 50 en Alhaurin de la Torre se vivía del campo, existían numerosas yuntas de bueyes, carretas y aperos de labranza por todo el municipio al objeto de ejercer toda clase de labores propias de la agricultura.A mi memoria me viene y creo que no lo olvidare nunca la yunta de bueyes de Manuel Saguego vecino con la vivienda de mis padres en el Arroyo del Blanquillo; una yunta compuesta por un toro el Azabache y una vaca la Golondrina. Ni que decir tiene que cuando no asistía al colegio, me pasaba parte del día en el tinao de Manuel Saguego. Admiraba a esta pareja de bueyes, pero sobre todo al Azabache, un toro con un par de “ co…..”, por su fuerza, su templaza, y buen hacer en la carreta.
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| Diosa terrena | | Cuentos y relatos breves. 04.05.08 | | El Seis. Ella era bella, esbelta, de ojos color violeta; pero se sentía una “cosa viviente”. Sus admiradores (tenía muchos), antes de mirar su exquisito trasero; la consideraban un “objeto”, algo así, como un árbol frondoso, pero ardiente, lleno de lava. Era dueña de unas largas, y bien torneadas piernas blancas; que al caminar arrancaban suspiros de los existentes. Cuando movía sus caderas, era un vaivén de locura; parecía que se regocijaba el universo. Sabedora de ese poder que otorga la naturaleza a ciertas personas; se sentía un puñado de carne hecha para el amor. Era el placer mismo. La muchedumbre le rendía pleitesía a la dama del ensueño. Las mujeres citadinas la miraban con envidia, y una rara admiración. Pero, Cliceria, así se llamaba la preciosa; se sentía vacía, sola, temblorosa, llena de pánico,... una cosa. Odiaba las lides del amor/ Detestaba ser penetrada/ No le interesaba ser el blanco de las miradas ardientes/ No le gustaba posar sus labios en otros locos de amor/ Le disgustaba los vulgares y elegantes piropos/ A ella, Cliceria, sólo le gustaba mirarse en el “espejo azul”, de su recámara; abrir la ventana, y sentirse una “cosa viviente”, palpitante de tanto ser... |
| Un triste cuartucho | | Cuentos y relatos breves. 13.04.08 | | Javier Martinetti. jmartinetti1234@hotmail.com . La oscuridad es tan densa que nunca se acostumbran los ojos a ella, todos los días a cada hora la oscuridad es muy densa. Mis manos que tantos años recorrieron las paredes nunca encontraron ni ventanas ni puertas. Era un frío cuarto pequeño, tanto que nunca pude estirar mis brazos sin tener que torcerlos para que entren. Pasé largas horas buscando posiciones cómodas pero nada resulta sensillo, ni siquiera acostumbrarse. Y yo que solo buscaba derrumbar estas paredes, ahora se que es producto de la imaginación de otras personas, en realidad son por la falta imaginación. O por ser ignorantes de mi existir, talvez tanto que nunca me vieron al construir ese triste cuartucho. En mi triste cuartucho es necesario respirar por ósmosis ya que no hay oxigeno Mi enfermedad mental es solo por un desborde de la presión mental más que por la presión del vacío de mi cuarto. |
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